¿Qué nace cuando creamos un bebé?*
Iassana Scariot *Texto presentado en la Charla Abierta "Tejer narrativas: La migración como creación",
que tuvo lugar el 17/7/2026 en la Galería de Arte La Porteña, en Buenos Aires.
El nacimiento de una obra artística requiere tiempo: un tiempo de conceptualización, inspiración, construcción y deseo. Para que una obra artística nazca al mundo, primero debe nacer en el interior del artista que la concibió. Sigmund Freud, el padre del psicoanálisis, solía decir: "Dondequiera que voy, un poeta [o artista] ha estado allí antes que yo". Reconocía que los artistas poseen una capacidad intuitiva para acceder a los rincones más íntimos del ser. El psicoanálisis se ha nutrido ampliamente de campos como el surrealismo, la estética, la literatura, la escritura y la filosofía para reflexionar y trabajar sobre sus propios conceptos teóricos y clínicos. El artista crea un estilo: un lenguaje propio dentro del lenguaje mismo. Es como si, al crear arte, intentara lidiar con un caos pulsional, que no se puede representar plenamente; sin embargo, todo intento de contornarla sirve como una forma de organizarla.
Podemos considerar el arte como una forma de expresión: un lenguaje que accede al inconsciente y abre los sentidos en lugar de aprisionarlos, aunque misma la obra artística pueda enmarcarlos. El arte, el psicoanálisis y la migración comparten un terreno común donde el sentido no está dado de antemano, sino que debe ser excavado e inventado. Es un terreno que revela tanto lo familiar como lo infamilar (Unheimliche): el lenguaje, las huellas, el vacío, el lleno, el silencio, las modulaciones, las sensaciones.
Podemos pensar en la migración como una especie de nacimiento, donde nuestros puntos de referencia culturales, sociales y emocionales, nuestros códigos linguísticos, ya no son los mismos. Al atravesar experiencias tan novedosas, debemos aceptar la idea de que se trata de un proceso de aprendizaje desafiante y continuo. Para mí, el poder de la creación artística no reside en llenar el vacío de la migración, sino en soportarlo, transformándolo en un contorno, en un borde simbólico.
Joana es una paciente brasileña de cuatro años que vive en Argentina y comenzó análisis conmigo hace un mes. La familia de Joana me contactó justo cuando yo estaba por tomarme la licencia por maternidad; unos meses más tarde, volvieron a comunicarse, ya que priorizaban que el análisis de la niña se realizara en su lengua materna.
Al entrar en el consultorio, la mirada de Joana se dirige a la ventana, y queda fijada allí. La ayudo a subir a la silla y juntas observamos, iniciando una conversación al respecto de lo que vemos. Los colores, las formas, los objetos, las personas, las letras en los letreros de las tiendas y la naturaleza permiten que surja una narrativa; construimos una historia en torno a lo que vemos y, al hacerlo, revelamos aspectos de ella. Observábamos el paisaje exterior como si fuera una obra de arte, tratando de hallar un significado personal en aquel punto de referencia y seleccionando detalles de esa escena natural que tenían un valor único para ella. Pues, aunque ambas contemplábamos la misma “obra”, Joana recurría a elementos singulare. El color del tejado de una casa le recordó el buzo que llevaba su abuela al regresar a Brasil tras visitar a Joana aquí en Argentina; mencionó que, esta vez, no hubo “chororô” empleando esa palabra tan particular que los adultos suelen usar al hablar con un niño sobre el llanto.
Despues, nos sentamos y Joana comenzó a dibujar; creó, inventó, nutrió, recordó y dejó su huella en el papel. El ámbito de la creación abordaba algo inconsciente; el acto de crear abre un espacio para, y permite a transformar, diversas formas de sufrimiento psiquico. La maleabilidad de la infancia nos señala un camino: crear imágenes y contar historias ha sido siempre la manera humana de simbolizar el mundo, de procesar el miedo, la muerte y el deseo, y de buscar significados que trasciendan la realidad material de la existencia.
Podemos considerar el arte como una forma de expresión, un acto de invención que utiliza lo que llevamos dentro. Hoy en día, hablamos a menudo del acto de creación a través de la lente de nuestras historias personales y de la Historia social, ya que el arte es también una forma de contar una historia. Como expresó poéticamente Fernando Pessoa: “La vida es lo que hacemos de ella. Los viajes son los viajeros. Lo que vemos no es lo que vemos, sino lo que somos”. Sentarme a escribir sobre mi práctica clínica en torno al arte y la migración no fue una tarea fácil ni ordinaria; pues hablar de esto, en este momento particular de mi vida, es hablar del nacimiento de mi hija, y de mi propio nacimiento como madre. Aquí, en un punto de intersección, me encuentro con mi identidad como mujer, madre, analista y migrante, en medio de una montaña argentina, brasileña y boliviana de experiencias. Después de todo esto ¿Podríamos considerar que criar a un bebé es un acto creativo?
Referencias:
Freud, S. (1917). Luto e Melancolia. Rio de Janeiro: Imago.
Miller, Jacques-Alain. Extimidad. Edit. Paidós, Buenos Aires, 2010.






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