"Aún estoy aquí": el sujeto entre el trauma y la resistencia
- Diásphora Psi

- 1 abr
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Tainã Rocha *Texto presentado en la charla abierta sobre la película "Aún estoy aquí" que tuvo lugar el 15 de marzo de 2025 en la librería Caburé de Buenos Aires.
Me gustaría empezar por el final. El final de la película. Cuando la cámara pasea por la casa vacía y hace visible las huellas que allí quedaron. Huellas de los muebles que ocupaban los ambientes, de los cuadros que decoraban las paredes, las huellas del paso del tiempo, de la vida misma que ahí habitaba… Y me hizo pensar que todo acto humano deja huellas. Aún cuando se las intenta ocultar, borrar. Y cuántas veces nuestra historia encontró ese intento de hacerse olvidar? Seguir como si no hubiera pasado nada. Hacer desaparecer...
Nuestro país fue construido sobre el silencio forzado. La esclavitud terminó oficialmente en 1888 sin ningún tipo de reparación. Los pueblos originarios, asesinados en un exterminio silencioso que aún continúa. La dictadura militar (1964-1985) que torturó, asesinó y desapareció personas, pero cuyos responsables nunca fueron llevados ante la justicia. Brasil es un país que no trata sus heridas, las intenta borrar. Pero las huellas aún están aquí. La tarea de borrar las huellas es de inevitable fracaso. En el proceso de intentar hacerlo, se dejan tantas huellas de esa intención que, al final, la propia borradura se convierte en una nueva prueba de lo que se intentó eliminar. (Gutiérrez, 2014, p. 24).
En psicoanálisis decimos que lo que es rechazado de lo simbólico, retorna desde lo real. Es decir, aquello que intentamos borrar, que no encuentra lugar para inscribirse, vuelve, retorna. La función de la memoria es posibilitar la elaboración para evitar la repetición. Hay un dicho en Brasil que ilustra bien eso: “Para que não se esqueça, para que nunca mais aconteça”. Acá en Argentina se dice: “Nunca más” y se grita por “Memoria, verdad y justicia”. Y es siguiendo las huellas de lo borrado que podemos empezar a construir memoria, como acto de resistencia. En la película acompañamos a Eunice Paiva, una mujer que, como tantas otras, “se negó a olvidar en tiempos de amnesia obligatoria”, como dice Eduardo Galeano. Ella resiste al intento de borradura de lo que pasó y, al buscar respuestas, inscribe la memoria como un acto político.
Desaparecidas, es como se nombra a aquellas personas que fueron secuestradas, privadas de su libertad y de cualquier derecho, torturadas y muertas por fuerzas del Estado. La desaparición es un método que intenta disimular el exterminio y garantizar la impunidad. Sin cuerpo, sin crimen. La ausencia de un sepultamiento dentro de los ritos culturales es una muestra más del intento de deshumanizar a la víctima. Los desaparecidos políticos fueron colocados en este limbo biopolítico, sin nombre, sin identidad, sin lugar en lo simbólico. El Estado no sólo eliminó física y políticamente a sus oponentes, sino que también buscó borrar sus huellas, estableciendo una dinámica de olvido forzado. El desaparecido es reducido a un mero objeto del poder soberano, sin derechos, sin dignidad, sin duelo.
La desaparición también es una modalidad de tortura psicológica permanente para los familiares y amigos, ya que les niega el derecho a saber, dejándolos en el vacío, sin respuesta, en un duelo que se extende, sin cierre. Cuando no hay un cuerpo a ser velado, se dificulta el trabajo del duelo. Es como si cada uno tuviera que decidir cuándo “dar por muerto” a un ser querido, sin un dato de la realidad que lo materialice. La desaparición es peor que la muerte, porque si en la muerte hay algo que se termina, en la desaparición, el desaparecido, como dice Paulo Bueno (2025), “no cesa de reaparecer (en pesadillas, recuerdos, espejismos). Para la persona que está a la espera, hay un vacío. Agujero que se llena de fantasías de miles de destinos posibles. Todas las posibilidades que la imaginación puede alcanzar son peores que la muerte. ¿Está siendo torturado? ¿A qué privaciones está sometido? Esto por días, meses, años”.
La impunidad produce efectos subjetivos negativos, retraumatizantes. Mientras no hay responsabilización de los actos del terrorismo de Estado, se produce una reactualización del trauma que imposibilita la elaboración del mismo. En psicoanálisis, pensamos el trauma en 2 tiempos. Un evento traumático puede no causar un impacto inmediato, sino necesitar de otro evento posterior que reactive aquél primer evento, dándole un significado que antes no tenía. Y es ahí cuando el trauma se manifiesta, generando sufrimiento psicológico. Como nos mostra Guilis (s.f.), al hablar del efecto subjetivo de la impunidad, podemos entender el momento del crimen como el primer tiempo del trauma, ya la ausencia de justicia se instalaría como el segundo tiempo que reactualiza permanentemente el primero. Por eso decimos que la impunidad es retraumatizante.
Por otro lado, la búsqueda por verdad y justicia, puede producir efectos subjetivos positivos. Medidas como la creación, en 2011, de la comisión nacional de la verdad en Brasil o, como ocurrió acá en Argentina, la reapertura de los casos y su juicio tiene efectos subjetivos. En estos dos ejemplos, vamos a encontrar un importante desplazamiento, en cuanto a la posición de las víctimas. Se las invita a ocupar el lugar de testigo, de alguien que tiene un testimonio para dar. Lo que pasa con el trauma es que nos deja en silencio, es difícil poner en palabras el horror. Como dice Naoilles, el trabajo es hacer con que esa vivencia entre en el campo de la experiencia. Una vivencia sólo se convierte en una experiencia subjetiva cuando puede compartirse con otra persona a través de un relato. Para hablar de una situación traumática es necesario poder narrarla. No hay testimonio sin experiencia, pero tampoco hay experiencia sin narrativa. Tenemos experiencia cuando la víctima se convierte en testigo (Naoilles, p. 31). En ese sentido, dar lugar a que las víctimas de la dictadura den su testimonio les permite apropiarse de esa experiencia e impide que regímenes totalitarios transformen la violencia en un silenciamiento definitivo.
Para concluir, traigo una cita de Lacan, donde él dice: “Que el sujeto reviva, rememore, en el sentido intuitivo de la palabra, los acontecimientos formadores de su existencia, no es en sí lo más importante. Lo que cuenta es lo que reconstruye de ellos…" (Lacan, el momento de la resistencia, seminario 1, p. 28). Se trata menos de recordar (como hecho mecánico los datos exactos de la realidad) que de reescribir la historia. Poder reescribir esa historia de manera crítica, con reparaciones simbólicas, ser capaz de saber hacer algo inédito con las marcas que se lleva en el cuerpo. Bibliografia
Bueno, P. (2025). [@paulobuenopsi] (2/3/2025). Ainda estou aqui? Ainda? Mas ainda... [Fotografia]. Instagram. https://www.instagram.com/p/DGtfjpWxyzJ/?img_index=1
Guilis, G. y Equipo de Salud Mental del CELS (s.f.). El concepto de reparación simbólica. Disponible en: https://share.google/rYM8Jt463E90Kf02b
Gutiérrez, C. (2014) La mirada y la voz del testigo. En “Destinos del testimonio: victima, autor, silencio”. Letra Viva, Buenos Aires.
Gutiérrez, C. (2014) La hospitalidad del testimonio. En “Destinos del testimonio: victima, autor, silencio”. Letra Viva, Buenos Aires.
Lacan, J. (1981). El Seminario de Jacques Lacan, Libro 1: Los escritos técnicos de Freud (1953-1954). Buenos Aires: Paidós.
Noailles, G (2014) El valor del testigo. En “Destinos del testimonio: victima, autor, silencio”. Letra Viva, Buenos Aires.





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