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SE BUSCA UNA PSICÓLOGA NEGRA

Actualizado: 17 jun 2023

Gicelma Barreto Nascimento


¿Qué será lo que hace que alguien escoja un determinado analista? ¿Qué será lo que mueve a ese analista a aceptar determinado paciente en análisis? ¿Qué es lo que hace que ambos quieran compartir esa travesía, muchas veces sufrida y desconfortable?


En este escrito traigo algunas de mis reflexiones acerca de las relaciones transferenciales que se establecen cuando pacientes negros, atravesados por la marca del racismo buscan una psicóloga negra como una condición para comenzar su tratamiento. A partir de esa búsqueda, que habla más del paciente que del analista, pienso en cómo ese movimiento es una tentativa de salir del silencio y una búsqueda por una escucha supuestamente cómplice, ya que del lado del paciente aparece una identificación con la figura del analista, en ese espacio él puede hablar libremente de esos dolores causados por el racismo, pero no con cualquiera, con ella que por también ser negra sabe de lo que él está hablando.


Pensando en eso, me pregunto sobre la importancia de la demanda de esos pacientes, relacionado con la suposición de que el profesional por ser negro y probablemente por haber vivido algunas de las formas de racismo podrá entender o comprender sus vivencias. También me pregunto cómo esa relación puede ayudar en el proceso terapéutico y como la analista que también es negra debe conducir las primeras entrevistas, ya que las marcas del racismo dichas en esa relación pueden ser familiar a la psicóloga que escucha.


Como afirma Isildinha Baptista Nogueira (2017): “En el límite, permanece el miedo de romper la tenue línea de la sensibilidad humana y exponerme como personaje de mi drama personal, perdiendo de vista la sensibilidad del analista que trabaja con síntomas que hablan del paciente, pero también de él, que escucha” (Nogueira, pg.125).


Recuerdo el caso de una amiga que una vez me pidió indicación de psicóloga para iniciar su tratamiento. En su solicitud buscaba una psicóloga que fuese mujer y negra, contaba que se sentiría más cómoda para hablar con un profesional que tuviera esas características. En el consultorio también recibo algunos pacientes con esas demandas. Por eso, afirmo que, en el trabajo de ese analista, su propio color importa y mucho para aquel que busca, de nuestro lado lo que interesa es escuchar el sujeto que habla, que reivindica.


En mi visión, lo que hace con que un paciente negro busque una analista negra para hablar sobre sus dolores causados por el racismo, tiene que ver con la transferencia, eso significa que en el consultorio con esa analista, él se siente que puede hablar sobre el racismo y como eso le afecta de una manera abierta, o sea, libremente. Del lado de la analista, aceptar esos pacientes en consultorio tiene que ver con una apuesta, a saber: dar lugar aquellos que traen una historia cargada de muchos no-lugares, no-pertenecimientos, objetalización. En esta relación hay apenas un sujeto, sujeto del inconsciente y el analista debe silenciar sobre su persona y ofrecerse como un lugar vacío, de esa forma ese amor de transferencia acontece de la siguiente manera: aquel que en su posición subjetiva y social ocupa un lugar de objeto podrá ocupar el lugar del sujeto.


Creo que el valor del dispositivo analítico por el practicante del psicoanálisis no es solamente técnico, también es ético, por eso es importante que el analista compruebe con su simple presencia, que el consultorio es el lugar donde su sufrimiento puede ser transportado, tanto como las preguntas desencadenadas por él. Y aquí hablo específicamente del sufrimiento causado por las marcas del racismo, como afirma la psicoanalista Isildinha (2017) en “Cor e Inconsciente”: como profesional (y particularmente, como negra)), mi escucha siempre fue así direccionada, hasta porque me parece que las estructuras de poder y dominación no son ajenas al psicoanálisis practicado en los consultorios.


Es a partir de esa relación que el analista escucha, ofrece su cuerpo, su silencio, y su interpretación. Me encuentro con el saber no sabido del paciente, delante de mi ignorancia. En la clínica ofrezco una escucha y un espacio para hablar sobre esos dolores singulares que se articulan con as experiencias de ser negro, con todo lo que eso significa para ese sujeto. Creo que mi función y mi deseo están ligados a una puesta en la construcción de un discurso propio y con él, salir del silencio.


Para finalizar, me gustaría traer la palabra de Frantz Fanon (2008 pág. 191) en Piel negra, máscaras blancas: “Yo, hombre de color, solo quiero una cosa: Que jamás el instrumento domine al hombre. Que cese para siempre la servidumbre del hombre por el hombre. O sea, de mi por otro. Que me sea permitido descubrir y querer bien al hombre, donde quiera que él se encuentre.”


Referencias


Fanon, F. (2008). Pele negra, máscaras brancas. Salvador: EDUFBA.


Nogueira, B. I. (2017). Cor e Inconsciente Em: Noemi Moritz Kon, Cristiane Curi Abud, Maria Lucia da Silva (Org.). O racismo e o negro no Brasil Questões para a psicanálise. (pp. 1-302). 1 edição. São Paulo: Perspectiva.




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