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Migrar: consideraciones del psicoanálisis para el extranjero

Actualizado: 29 abr 2022


Extranjero, en su sentido figurado, significa quién no pertenece o que se considera no perteneciente a una región, clase o medio; forastero, ajeno, diferente, extraño. ¿Quién nunca se ha sentido fuera de lugar? En una posición diferente, ya sea en la familia, grupo de amigos, instituciones, ciudad o país.


No es necesario cambiar de ciudad o país para sentirse extranjero, pero la experiencia de la migración puede producir varias inquietudes. El migrante es alguien que desafía la alteridad porque transita de un lugar a otro. En este sentido, las experiencias y vivencias de este trayecto traen consigo profundas implicaciones psíquicas que marcan la subjetividad e identidad de los sujetos que lo viven.


Esta sensación, dependiendo de cada uno en su singularidad, puede provocar numerosos sentimientos. El sufrimiento y el duelo son algunos de ellos, provocados por no poder reconocerse en el nuevo lugar, por sentir que no forma parte de allí, por haber dejado atrás lo conocido. Este vacío producido por el encuentro con la ausencia de referencias toca un punto de desamparo que genera angustia.


Esto puede dar lugar a un movimiento para intentar moldearse donde uno siente que no encaja, aquí nos referimos a una negación de uno mismo para ser aceptado por el otro; pero también puede provocar un movimiento de cambio de sí y del otro a través del encuentro con lo que es extraño para nosotros. De esta manera, las relaciones entre sujetos en su radical alteridad, así como el encuentro con otra cultura, pueden producir cuestionamientos de puntos de vista fijos y experimentación de lo inesperado, lo sorprendente.


Entonces somos convocados al acto: ¿quedarse o regresar? Para quienes deciden quedarse, la tarea ahora es construirse un lugar, reiniciar una vida. ¿Cómo encontrar un lugar donde parece no haber espacio? El extranjero parece ser aquél que tiene que plantar su jardín en medio del camino; pero el poeta brasileño Carlos Drummond de Andrade ya decía que es posible que una flor crezca en la calle, atraviese el asfalto, y hay que estar dispuesto a hacer los cambios necesarios para eso.


Ante esto, ¿cómo puede ayudar el psicoanálisis en este proceso?


El psicoanalista ofrece un espacio de escucha para hablar del malestar producido por la condición de extranjeridad; también acompaña, lado a lado, en el proceso de adaptación y de cambios que afectan a la subjetividad. Uno de los grandes descubrimientos de Freud es que el hombre es impulsado por algo que le es extranjero y que somos seres divididos. Qué significa eso? Que muchas veces nos enfrentamos a situaciones que no soñamos, deseamos o queremos. Cada sujeto tiene un tiempo diferente, un tiempo propio para pensar en la aceptación de esta condición y poder vivir mejor con ella. El psicoanálisis, al permitir que el sujeto mire estos temas y se familiarice con el extranjero que lo habita, puede facilitar la modificación de la relación singular con otras personas y otras culturas, permitiéndole transformar aquello que tiene la función de hostilidad en hospitalidad.




Gicelma Barreto Nascimento, Iassana Scariot, Tainã Rocha.



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